viernes, 25 de marzo de 2016

Sin rueditas!!

Podré olvidar alguna vez ese día? Volver a vivir esa sensación de libertad de abrir las alas, largarse de la rama batirlas fuertemente hasta sentir que me suspendo en el aire. Las rueditas son un suplemento que al poco tiempo me molestaba. Veia que mi hermana daba la vuelta manzana completa y yo recién iba por la mitad. Entre otras cosas, no podía subir y bajar los cordones. Quise ser como los grandes y me empeciné en practicar cayéndome para un costado y otro. Hasta que encontré el equilibrio. Por suerte estaba en un parque y habia mucho espacio.
Solo recordarlo me trae felicidad y son esos momentos que quisiera atesorar en mi memoria.

Lo único que no me gustaba de mi primer bici era el nombre: "Liliana". Quien fue el boludo que se le ocurrió ponerle ese nombre de maestra a la bicicross de un pibe de 6 años. En fin, me acostumbré y esa bici me duró casi hasta los 10 años, cuando no resistió más saltos de cordones y demas y se partió al medio.

sábado, 12 de marzo de 2016

LA INFANCIA DE MI MAMA

A CONTINUACION VA EL PRIMER CAPITULO DE LA VIDA DE MI MAMA ESCRITO POR ELLA.



Capitulo l



Nací un 12 de enero de 1955, a las 9.45 A.M., en el hospital Churruca de Capital Federal. Desde ese día mí vida tendría muchos altibajos, mis padres ya eran una pareja despareja, somos dos hermanas, Ana María, mayor por un año y 10 meses.
Mis primeros años los viví en Gerli, una localidad al sur del Gran Buenos Aires. Los primeros recuerdo que tengo son a los dos años, un corte que tuve en el pie por pisar unos ladrillos de cerámica que se encontraban en el patio de casa, una casa muy sencilla, se puede decir precaria. Pero a nuestra manera éramos felices, hasta que llego el día del cambio de casa y de barrio.
Los primos con los que jugábamos todos los días, y con los que crecimos, ya los veríamos con menos frecuencia. Fuimos a vivir por la zona de Avellaneda por unos meses. Lugar muy estilo conventillo, con varias habitaciones, un pasillo largo, muy largo para mis 3 años, y en el fondo el baño, claro esta que era compartido y siempre había una discusión por el mismo. Primero lo usaban los que tenían que ir atrabajar, después las madres que llevaban los chicos a la escuela, los más pequeños y por que no algún adulto tenía una bien llamada escupidera en el dormitorio, cocina y comedor y como si esto fuera poco el que podía instalaba una bomba de agua dentro de la habitación era un rey, lo que le evitaba tener que hacer cola para llenar la palangana del liquido elemento, directamente toda la higiene personal se realizaba en la pileta de cemento que se encontraba en lo que hoy se llama monohambiente , lo que tenia de bueno , era el agua tan fresca y clara, pero tanto en verano como en invierno la usábamos para el baño, lavar ropa, hacer de comer y limpiar, todo lo que se pueda llegar a imaginar.
Mamá era modista, y de las buenas, todavía hoy conservo el diploma de la Academia Mendía con promedio diez en todas las especialidades. Recuerdo que con vestidos de ella o del que fuere nos hacia ropa, creaba modelos y allá salíamos todas almidonadas y como decía mamá: “esta más duro que pija de novio”, su frase celebre para todo.
Recuerdo que tenía una maquina de coser Singer a pedal, y con eso se ganaba unos pesos para seguir viviendo, cuando nos fuimos a vivir a la localidad de Berazategui, a la calle 56 y ruta 14, mamá comenzó a coser para una señora que tenia una tienda , hacia batones y alguna otra prenda, arreglos para los vecinos. Tenia yo unos 4 o 5 años y en un momento de descuido me senté en la maquina y le cosí un bolsillo a uno de los batones, otro día me clave una aguja en un dedo, nunca más me dejo tocar la ropa, como decían los libros de lectura de esa época, ya muy entra la noche ella seguía sentada dándole al pedal para ganar unos pocos pesos que no alcanzaban para comer un día. Pero con la esperanza de juntar algunas monedas para poder pagar la casa que había comprado con la plata que recibió de la herencia de su padre; era sencilla, prefabricada que tenia 2 dormitorios uno muy chico y el principal, un comedor y un estar en la entrada, era ha dos aguas, el ingreso era por el frente o el fondo donde se ubicaba una gran galería que mamá lleno de masetas con plantas de flores y enredadera, más al fondo se encontraba el baño que era de material y la cocina de madera, después venia un fondo que me parecía interminable, donde había una planta de higuera algunos frutales y un gallinero que nos salvo con los huevos y las gallinas que terminaban degolladas en los días de escasez. Creo que los años vividos allí fueron los mejores, nuestros vecinos eran Italianos que llegaron a la Argentina después de la guerra por el hambre que había en toda Europa, nuestros amigos eran los chicos del lado Liliana y Jorge, hay mi Dios cuantos recuerdos, cuantas cosas compartidas y que inocencia, que la vida nos quito.
Siempre desde que llegamos al barrio estábamos juntos, compartíamos el fondo por el cual habíamos hecho un agujero en el alambre tejido para poder pasar de una casa a la otra sin que los otros chicos nos vieran, en el fondo de la casa de ellos construimos una casita que era de material; al frente de nuestras casas había una fabrica de baldosas y en un terreno baldío tiraban todo lo que se rompía y nosotros nos cruzábamos de noche para sacar en una bolsa pedazos de ladrillos y mosaicos, era toda una aventura cruzar la calle de noche, arrastrándonos y con miedo que nos vieran, pero era la misión para poder hacer la casita de nuestros juegos, donde teníamos de todo. Y otros amigos como los chicos del almacén, Mariíta y Manuel, que se la pasaban todo el día comiendo con una gran diferencia con nosotros. Ellos creo que eran los únicos hijos de españoles en todo el barrio, se pueden imaginar en la década del 60 lo que eran esas calles, de tierra; sin luz en la cuadra, solamente en las esquinas y creo que era una lamparita de 25 w., pero con solo pensar en esa aventura era una satisfacción, aunque teníamos el permiso de los dueños para sacarlos de día y así fuimos creciendo juntos. Su mamá doña Mafalda era una gringa bien gordita, la abuela que no sabíamos cuantos años tenía era la que amasaba los fideos a granel, los dejaba secar al sol y los guardaba para comer después y no hablemos de los tucos, creo que desde esa época no comí otro igual. La casa de ellos era de material, entrábamos por un pasillo al costado de la misma que no tenía luz, pero no importaba la cosa era ver televisión, que muy pocas casas tenían, en esos años pasaban una serie de Narciso Ibáñez Menta que se llamaba “El muñeco maldito”, la daban una ves por semana y era de miedo. Ya muy entrada la noche cuando volvíamos a casa con mamá íbamos muertas de miedo pero vivíamos al lado. Y por ser el único televisor todos los vecinos estaban allí, Mariíta y Manuel también, todas las noches que daban el programa, era tan fuerte como se diría hoy que siempre salíamos con miedo; una de esas noches de invierno y siendo aproximadamente las 23 hs., ya regresando para su casa y comentando él mismo, con Jorge, Liliana, mi hermana y yo nos cruzamos por el fondo y salimos a la calle escondiéndonos dos de cada lado de la verja y cuando aparecieron muy distraídos con la conversación y mucho miedo los cuatro nos paramos juntos y gritando, tal fue el susto que se fueron a los gritos para su casa que estaba en la esquina, a unos 30 metros. Creo que desde ese día no vinieron más a ver el programa.
Otra de las cosas que le hicimos para conseguir una figurita con brillantina como eran por ese entonces, fue disfrazar a Jorge de mujer diciendo que era una prima del campo, pero cada vez que se acercaba para verlo bien corría como un loco y saltaba el cerco como los mejores atletas, eso transcurrió durante una semana hasta que empezaron ha sospechar de nosotros porque nunca lo veían de día, hasta que ya cansados fueron directamente y le preguntaron a doña Mafalda, y por supuesto que ella nos siguió la corriente y dijo que sí nada más que era una nena muy tímida y solamente jugaba con los primos; y para hacer más enfática en su relato les contó que no sabia hablar el castellano solamente el italiano, que sus padres la habían venido a buscar y ya estaba en su casa .Ante esta versión no tuvieron más que darnos la figurita a nosotros, cosa que después era la pelea para ver quien se quedaba con ella. Campeonato de por medio a cara y seca se fueron eliminando los jugadores hasta que la misma quedo en nuestras manos y como si esto fuera poco se puso otra más porque participaron los perdedores para recuperarla, era una de las más difíciles de conseguir, para ellos, para nosotros todas eran difíciles ya que muy debes encunado comprábamos un paquete, una de las figuritas era caperucita roja con el canasto en el bosque y la otra papá Noel en un trineo lleno de regalos y tirado por los renos. Por muchos años tuve las figuritas guardadas en alguno de mis libros y creo que todavía conservo la de caperucita roja, alguna que otra vez cuando los vuelvo a leer la encuentro ya vieja y pasada de moda pero con mí infancia a cuesta, aya en Berazategui.
Por ese entonces vino a vivir al barrio un matrimonio joven que no tenían hijos, en una casa muy linda que alquilaban porque los dos trabajaban y estudiaban, él era un hincha cien por cien de boca, recuerdo que tenia la casa llena de fotos de los jugadores, del club, camisetas y una infinidad más. Así fue como mi equipo favorito es boca, todo éramos del mismo equipo y los días domingo escuchábamos el partido en la casa de ellos, lo mejor era las tortas que nos daban y la gaseosa o jugo pero la cosa era que le hiciéramos la barra a boca para que los vecinos de river se enojaran, pero al poco tiempo se fueron del barrio y se nos termino la fiesta de los domingos. La imaginación era el entretenimiento de aquellos años y la fecha de cualquier patrono como la fogata de San Juan y San Pedro, los muchachos y chicas de la cuadra juntaban leña y hacían un muñeco para quemar y no faltaban las batatas que se tiraban a las brasas después; cosa que comíamos chicos y grandes con mucho placer, lo hacían en el terreno baldío que estaba al lado de casa y eso que era invierno nos quedábamos hasta muy tarde cantando al lado de las brasas. En esas reuniones se formaron varias parejas,” por que la casa era chica pero el corazón grande”, decía mamá; y fue así como mi prima Negra que se quedo un tiempo viviendo con nosotros se puso de novia con el que actualmente es su marido Antonio, un gringo de buena ley, un tipo muy especial, era el primo del dueño de un local donde se hacían bailes , recuerdo que fuimos todos cuando se presento el Club del Clan con Palito, Violeta ,y todos que no recuerdo el nombre, también venían Cáfaro, Rita Pavonee, que ya era muy conocida en Europa. Y muchas figuras que después tuvieron fama mundial
Pero como eran paisanos ninguno se negaba a venir, porque la paga era poca, pero los discos se vendían como pan caliente y bueno los medios de comunicación no son como los de ahora, que en minuto se conoce lo que pasa del otro lado del mundo. Florinda se puso de novia con un primo que fue ha estudiar a la escuela de policía de la provincia de Buenos Aires y los fin de semana se quedaba en casa. Daniel era cordobés y como decíamos en esa época “cordobés culo al revés”;
Allí comencé la escuela primaria, en un establecimiento sobre la ruta 14, tenía un perímetro de alambre, las aulas eran de madera con techo de chapa, eran unos veranos para estar sin nada bajo el techote zinc, cursaba 1 inferior como se llamaba en esa época, pero como la mayoría de las palabras las escribía y decía en italiano, la señorita me hizo repetir de grado, decía ella “es una nena muy buena pero no habla bien el idioma”. Entonces mamá me cambio a la escuela Nacional 4 de la rotonda de Florencio Varela, que esta sobre la ruta 2, teníamos que ir con Ana María en colectivo, que terminaba el recorrido casi en la puerta de la escuela, era blanco y bueno chico como los de entonces, éramos muchos los chicos que viajábamos, porque era una de las mejores escuela de la zona. Bueno ya arranque y no me quede más de grado, no era la mejor pero tampoco esta mal, en uno de esos famosos viajes discutía con una chica más grande a la cual amenace con hacerla chinchulín, pero la muy turra como no me podía pegar a mí por que era muy menudita, le dio la paliza a mi hermana arriba del colectivo, la otra furiosa me quería matar y hasta el día de hoy no me lo perdona.
Que niñito Dios y los Reyes fueran por casa era un milagro, pero como eran tan buenos algo dejaban en la casa de mi tía Ana, pero mamá en cuanta ocasión podía a los reyes hacia llegar, lo que siempre recuerdo es una muñequita chiquita, de no más grande de 10 cm. de altura, el pelo era largo hasta los pies, castaño y con un rulito que le caía sobre la frente, tenia ropa, una mamadera y cuando le daba agua orinaba, los ojos eran celeste, me podía pasar todo el día jugando con ella. Estuvo acompañándome por más de 30 años, Primero unas sobrinas, bueno podemos decir las grandotas y boludas de las hijas de mis primos que casi tienen mi edad, la empezaron a romper y el resto lo hizo el tiempo. Comenzó por secarse la goma y quebrase de a poco hasta que llego el momento que la tuve que tirar, creo que fue uno de los pocos recuerdos materiales que quedaron de mi infancia y con gran dolor fue a la basura como muchas otras cosa a lo largo de mi vida, bueno podemos decir no tan larga porque ayer cumplí 52 años que en esta época que estamos son bien pocos.
Otro de los regalos fueron dos muñecas, una morocha con el pelo corto y rulado de tez blanca con un vestido muy bonito, que era de Ana María; la otra era igual pero rubia como yo, también las pobres soportaron tantas mudanzas como nosotras, llegaron hasta Córdoba, y la última ves que las vi fue cuando fuimos a vivir a Bv. Del Carmen en Alberdi, y ya con una nueva mudanza desaparecieron para siempre eso y muchas cosas más.
Cuando todavía estábamos en Berazategui y no teníamos para comer las ponía en un bolso y la salía a vender, tal era el griterío de Ana que mamá me retaba y me volvía con las muñecas. Por ese entonces me queme el pie derecho por ponerlo en una lata de sardina que estaba prendida en la cocina que era donde mamá hacia la comida por que no tenía plata para comprar el kerosén , ella lo apagaba con solo pisarlo pero yo ni loca lo podía hacer si actualmente calzo 35, en esos años no llegaba ni al 22, y bueno tuve una ampolla de aquellas y todavía me quedo la marca.
A la vuelta de casa, en un terreno tan grande coma el nuestro había varias casa precarias construidas a lo largo del mismo, la primera era prefabricada y las otros de chapa de cartón prensado ; donde Vivian unos chicos de piel negra, eso no molestaba pero siempre nos peleábamos, en una de esas batallas me tiraron un pedazo de mosaico que me lastimo la pierna por debajo de la rodilla. Todo comenzó cuando fabricamos un carrito de un cajón de frutas y le pusimos unas ruedas, soga y lo llenamos de piedras i ladrillos y fuimos al ataque de nuestros enemigos, que mal termino todo, porque no solo le rompíamos el techo de las casas, sino que las madres de estos chicos fueron y hablaron con nuestros padres y flor de paliza nos dieron. Después nunca más lo hicimos, nuestra última maldad hacia ellos fue poner un cuete en la primera casa donde uno de los chicos estaba solo porque su madre trabajaba todo el día, el era muy estudioso y mientras leía nosotros hicimos explotar el cuete y este pobre niño salio gritando desesperado que se le quemaba la casilla y lloraba sin parar; nos quedo un remordimiento tal que nunca más volvimos a tener guerra con ninguno de ellos y nuestros juegos se limitaron a nuestra cuadra.
Nuestra situación fue de mal en peor, hasta que llego el día que nos remataron la casa y nos mudamos a un barrio cercano que se llamaba Los Manzanos, vivíamos en una pieza con cocina y baño. Tenía un patio chico, donde hicimos una quinta, había una fuente de agua donde crecía el berro con lo que mamá hacía ensaladas. Era una casa esquina y en la misma cuadra estaba el colegio, comenzamos el año, yo estaba en

Zaffaronista

Cada vez que el gobierno actual comete alguna barbaridad dentro de mí hago un análisis y trato de transmitírselo  al otro. Por alguna defici...