miércoles, 8 de marzo de 2017

El loro

En su vida no conocia más que la libertad de volar a donde quisiese. Disfrutaba de la sombra de frondosos arboles y de sus deliciosos frutos.
Un día un fruto especialmente tentador fue su carnada y quedó atrapado en un trampero.
De repente su vida, su mundo, se redujo a un cuadrado de alambre sin espacio para volar en un patio lleno de macetas. Si bien extrañaba su hábitat, sus amigos, etc. fue acostumbrandose a la compañía de la señora mayor que lo alimentaba.
Un día lo sacaron de la jaula y le recortaron las alas. Quiso salir volando y no pudo, así fue que sin ofrecer demasiada resistencia decidió quedarse en la casa.
Con el tiempo aprendió a pronunciar palabras y hasta se creyó feliz.
También le crecieron las alas pero ya no quería volar, se habia olvidado.


A veces me siento este lorito.

5 comentarios:

Stella dijo...

Somos animalitos de costumbres.
La única diferencia con el loro es que nosotros si nos damos cuenta!
Eso debería ser una ventaja....¿no?
A veces no se!

Besos

Alatriste dijo...

Te entiendo muy bien. Todos pasamos por épocas así, en las que nos sentimos domesticados, en las que pensamos que nos han cortado las alas. Es muy frustrante. Pero en esos momentos, siempre hay algo que nos rescata del naufragio. Así que piensa en lo que has construído, en lo que que has creado y nada ha sido regalado, así que siéntete orgulloso y si necesitas unas alas, ya te presto yo las mías. Un abrazo enorme, chaval. Cuídate.

lucas ignacio dijo...

gracias por estas hermosas palabras.

Ana dijo...

Todos somos un poco ese lorito...

Javimetal dijo...

Hay cosas que el tiempo nos va quitando indefectiblemente y no nos queda otra que resignarnos, es triste pero es así.
Saludos.

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