Ir al contenido principal

El loro

En su vida no conocia más que la libertad de volar a donde quisiese. Disfrutaba de la sombra de frondosos arboles y de sus deliciosos frutos.
Un día un fruto especialmente tentador fue su carnada y quedó atrapado en un trampero.
De repente su vida, su mundo, se redujo a un cuadrado de alambre sin espacio para volar en un patio lleno de macetas. Si bien extrañaba su hábitat, sus amigos, etc. fue acostumbrandose a la compañía de la señora mayor que lo alimentaba.
Un día lo sacaron de la jaula y le recortaron las alas. Quiso salir volando y no pudo, así fue que sin ofrecer demasiada resistencia decidió quedarse en la casa.
Con el tiempo aprendió a pronunciar palabras y hasta se creyó feliz.
También le crecieron las alas pero ya no quería volar, se habia olvidado.


A veces me siento este lorito.

Comentarios

Stella ha dicho que…
Somos animalitos de costumbres.
La única diferencia con el loro es que nosotros si nos damos cuenta!
Eso debería ser una ventaja....¿no?
A veces no se!

Besos
Alatriste ha dicho que…
Te entiendo muy bien. Todos pasamos por épocas así, en las que nos sentimos domesticados, en las que pensamos que nos han cortado las alas. Es muy frustrante. Pero en esos momentos, siempre hay algo que nos rescata del naufragio. Así que piensa en lo que has construído, en lo que que has creado y nada ha sido regalado, así que siéntete orgulloso y si necesitas unas alas, ya te presto yo las mías. Un abrazo enorme, chaval. Cuídate.
lucas ignacio ha dicho que…
gracias por estas hermosas palabras.
Ana ha dicho que…
Todos somos un poco ese lorito...
Javimetal ha dicho que…
Hay cosas que el tiempo nos va quitando indefectiblemente y no nos queda otra que resignarnos, es triste pero es así.
Saludos.

Entradas populares de este blog

El señor Bernal

En una camioneta F-100 viene el comisionista que llamé.
Se llama Lucas justo como yo y tiene 79 años.
Si, 79 años y trabaja como si tuviera 20.
Desde hace un tiempo, a las personas mayores que me aventajan unos 30 años de experiencia en la vida se me da por preguntarle que les parece importante o valioso en la vida.
La mayoría resalta la familia y la salud como lo más importante.
Por supuesto que no es un descubrimiento, pero pasa que a mi edad las urgencias económicas y otras cuestiones nos empiezan a acaparar.
Todavía creo en la sabiduría del anciano.
Me siento una rareza en este mundo que glorifica lo juvenil y que nos invita a vivir en una adolescencia perpetua.

3 pares de medias 50 pé

Nuevamente Fernando se queda sin changas.
Revoleando un balde de mezcla en una loza, le tiró el hombro y no aguantó el dolor.
Quiso seguir trabajando pero con el brazo derecho sin fuerza no puede.
Sandro que siempre lo llamaba lo bancó todo lo que pudo, pero el dueño de la casa en obras al ver un tipo trabajando a media maquina no lo perdonó.
Un viernes después del faldeado Sandro vino a darle la noticia que presagiaba: a partir del lunes tenía que ganarse el plato de comida por otro lado.
Ese fin de semana tuvo un humor de perros y no le quiso decir nada a Laura. Fue a jugar al fútbol como todos los sábados para quitarse la mufa. Mientras tomaba el vino con coca después del partido le comentó a Raúl su preocupación de no poder seguir trabajando de peón de albañil.
Le contó que ya estaba aprendiendo y que apenas tuviera las herramientas iba a empezar a hacer trabajos chicos solo. También le contó que desde hacia tres semanas que tenía una molestia en el hombro cuando hacía fuerza. Cre…

Fernando - 1ª parte

Apenas empezaba el año y ya tenia varias chupinas. para que iba a entrar a clases si nunca estudiaba porque sus viejos no tenian plata para los libros y los profes lo subestimaban por villero.
Sentado en la plaza veia como las sombras cambiaban de lugar y el mundo funcionaba: los autos pasaban apurados, los pajaritos cantaban y las viejas iban de compras a la verduleria.
El sol se reflejó en las mostacillas de ese monedero que llevaba la anciana en la mano, el mismo brillo de idea que se pudo ver en los ojos de Fernando. Esa mañana apenas habia tomado una taza de matecocido y un bollo de pan de ayer medio duro. El ruido en la panza lo decidió. Como quien no quiere la cosa se levantó del banco de la plaza y cruzó la calle sin mirar a los costados, pasó al lado de una señora mirando al costado con simulada indiferencia, respiró hondo para tomar coraje y de un tirón se apropió del monedero. Sin mirar atrás corrió varias cuadras hasta quedar sin aliento. En el escape apenas escucho de le…