En la mar...

Así nombraba a Mar Chiquita una mujer que conocí en sus aguas precisamente. La mar, como si fuera el único mar, como si tuviera género, mujer. Junto con su pareja me contó de su esplendor que apenas recordaban de su niñez y alimentaban mi curiosidad con varios de los mitos existentes en la misma, por ejemplo que Hitler fue a curarse en sus aguas y se alojó en el hotel Viena; que en las noches se ve por las ventanas del hotel a una persona sin cabeza y con una vela en la mano deambulando. Dicen que ese señor era el cuidador del hotel que tenía un romance con una de las propietarias del lugar.
 Me enteré de las propiedades curativas del barro negro que se utilizan desde principios de 1900. Otro señor con su señora se vistieron de barro y convencieron a varios en la playa de hacer lo mismo.
En mi primera visita a aquel mar con la familia, pude ver como el sol se escondía en el horizonte de agua, reflejándose y llenando los ojos de mil tonalidades naranjas y rojas.


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